Afecto y normas en la familia

La familia es el primer agente socializador, y como tal es en ella donde aprendemos a desenvolvernos, donde establecemos nuestros primeros vínculos afectivos, etcétera. Por ello sea como sea nuestra familia, siempre recurriremos a ella para sentirnos protegidos (real o simbólicamente).

Por norma general, padres y madres intentan hacerlo lo mejor posible según sean sus circunstancias, pero detrás de muchas situaciones complejas se dan momentos en los que no se ha sabido ofrecer el cariño y el afecto de manera adecuada a nuestros seres queridos.

Cada familia tiene su propio sistema de relación y sus patrones de comunicación, pero independientemente de la situación por la que se esté atravesando, si el cariño y el afecto prevalecen, por norma general, sus integrantes tendrán un desarrollo normalizado pese a las circunstancias vividas.

Cierto es que no existe un manual de instrucciones cuándo se va a tener un bebé o se va a formar una familia. Cada cuál va haciendo y deshaciendo a medida que se ve van dando las circunstancias de vida. Y las actuaciones de cada uno/a se verán impulsadas también en cierto modo por la manera en la que hemos sido educados/as o por la corriente imperante del momento.

En cualquier caso, vivimos en una sociedad que generalmente focaliza su atención en todo aquello que sea negativo, que señala las debilidades como aspectos negativos que deben ser eliminados, basando su educación en un sistema de “recompensas y castigos” [si haces lo que yo te diga, te premio, y si no te castigo], más que de “refuerzos y consecuencias” [confío en que harás las cosas bien y te refuerzo por ello, pero si incumples con algo, esto tendrá también sus consecuencias].

Nos valemos de las etiquetas para catalogar, justificar y estigmatizar a los menores (no sus comportamientos puntuales y concretos) obviando todos aquellos factores externos que puedan estar influyendo en dichas actitudes, e incluso obviando nuestro propio poder de influencia como adultos sobre los más pequeños (y no tan pequeños).

Sin embargo, desde el enfoque de la parentalidad positiva se promueve la satisfacción de las necesidades de los niños y niñas y la puesta en marcha de acciones que favorezcan su desarrollo, como pueden ser el fortalecimiento del apego, la interacción a través del juego, la comunicación sin exposición al conflicto…, teniendo en cuenta el entorno de cada familia y las habilidades de los padres y/o madres.

Los buenos tratos a niñas y niños favorecen un desarrollo y un bienestar adecuados. Para ello, los y las profesionales debemos transmitir a las familias las necesidades infantiles de atención, respeto, educación, normatividad y afecto. Esto permitirá que los niños y las niñas puedan desarrollarse como personas con una buena autoestima, lo que les hará crecer de forma sana y feliz en sociedad.

Los datos de investigación científica obtenidos en las últimas décadas, avalan la significativa influencia que el contexto familiar ejerce en el desarrollo psicológico de las personas; la psicología y otras ciencias sociales y de la salud han identificado los mecanismos de esa influencia y, sobre todo, han mostrado cuales son aquellas variables que resultan claves para potenciar desde la familia la felicidad y la salud mental de sus integrantes.

Sin duda alguna, las muestras de cariño y afecto, junto con otras variables, constituyen uno de los valores claves para el óptimo desarrollo psicológico de las personas.

En la familia se produce, un aprendizaje y una interiorización profundamente emocional que la convierten en la fuente de las influencias más poderosas a las que el individuo está sometido en todas las sociedades.

Así pues, existen tantos tipos de familias como realidades puedan inventarse y pese a que ofrecer cariño y afecto es uno de los valores claves para el buen desarrollo psicológico, hay un aspecto que no debemos dejar atrás, y éste es el cumplimiento de las normas.

Muchas familias, más allá de las circunstancias vitales que estén atravesando, se preguntan cómo han de hacer para establecer las normas en la familia.

Pues bien, para ello, y junto con el afecto y la confianza, debemos saber que en la educación también es muy importante enseñar a los hijos/as a:

  • Comprender el sentido de las reglas
  • Respetar las normas
  • Apreciar las consecuencias de su conducta
  • Aceptar las frustraciones
  • Diferir las gratificaciones y aplazar las recompensas
  • Aprender de los errores
  • Ejercitar el autocontrol de sus impulsos.

El sistema familiar, es a fin de cuentas, una sociedad a pequeña escala, con una estructura, una organización y unas normas que cumplir.

Una organización donde los pequeños y no tan pequeños necesitan sentirse escuchados, valorados, queridos, con responsabilidades y con unos límites claros establecidos, pero al mismo tiempo a los que se necesita dedicar ante todo, tiempo.

Lectura recomendada: “Cómo criar hijos tiranos. Manual de antiayuda para padres de niños y adolescentes”. Marga Herrero de Vega, Mark Beyebach.  Puedes comprar el libro aquí:

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Marta Bravo Rojo

Psicóloga deformación profesional con multitud de inquietudes dentro y fuera de mi ámbito deformativo. Psicoinquieta, amante de los pequeños placeres.

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