Dependiendo de la fuente a la que recurramos, los números nos dicen que entre el 81% y el 92% de los propósitos de año nuevo fracasan.

Es decir, al menos 8 de cada 10 personas recaerán en sus viejos hábitos tras haber prometido seriamente cambiar esa mala manía de la que pretende deshacerse.

¿Te suena de algo? Puede que sí.

Modificar conductas es duro. Sin duda alguna.

¿Pero por qué? ¿Cuáles son las razones por las que los nuevos hábitos no acaban de asentarse? ¿Qué podemos hacer para que esos cambios sean más fáciles?

James Clear, especialista en modificación de conducta nos cuenta cuáles son los principales errores que cometemos y las posibles soluciones que podemos desarrollar para frenar nuestros pequeños fracasos.

 

Error número 1: empezar un hábito que es muy grande.

Solución: como dice Leo Babauta, “hazlo tan fácil que no puedas decir no”.

La parte más difícil de cambiar un hábito es empezar a hacerlo. Requiere mucha motivación ir al gimnasio después de un agotador día de trabajo, aunque una vez estamos en el gimnsaio, tampoco es tan difícil acabar el trabajo.

Hazlo fácil, que no cueste. ¿Quieres leer más libros? Empieza por leer dos páginas cada día, ¿quieres correr 5 kilómetros? Empieza corriendo 500 metros. ¿Quieres empezar a meditar? Empieza a meditar un minuto cada día.

 

Error número 2: buscar resultados en vez de rituales.

Solución: enfoca en la conducta, no en el resultado.

Casi todas las conversaciones que tenemos sobre nuevos objetivos ponen el énfasis en algún tipo de resultado. ¿Qué quieres conseguir? ¿Cuánto peso quieres perder? ¿Cuánto dinero quieres ahorrar? ¿Cuántos libros quieres leer? ¿Cuánto menos quieres comer?…

Obviamente, nos centramos en los resultados porque queremos que nuestras acciones deriven en logros. El problema es que los objetivos no logran resultados, lo que genera resultados es un nuevo estilo de vida, y un nuevo estilo de vida no es un objetivo, es un proceso.

Por estas razones, todos tus esfuerzos deben ir enfocados a construir nuevos rituales, rituales estables que vengan para quedarse y no nuevos resultados que, una vez alcanzados, desaparecen.

Los rituales son los que transforman la conductas en hábitos. Los rituales harán que las nuevas conductas acaben siendo automáticas, de forma que dejen de requerir tanta energía como hacían hasta ahora.

Si quieres un nuevo hábito, enamórate de un nuevo ritual.

 

Error número 3: no cambiar el entorno.

Solución: construye un entorno que promueva los hábitos que buscas.

Los entornos en los que nos movemos son determinantes, y es muy difícil instaurar nuevas conductas cuando el entorno no lo facilita.

Será muy complicado empezar a comer sano si te rodeas de comida basura. Será muy difícil concentrarte en algo si continuamente eres bombardeado por mails, mensajes, whatsapps, etc. Es muy difícil dejar de beber a diario si continúas rodeándote de quienes siguen haciéndolo.

Quizás nos cueste darnos cuenta, pero muchas de nuestras conductas son fruto de los entornos en los que nos movemos.

 

Error número 4: creer que los pequeños cambios no aportan nada.

Solución: mejora un 1% cada día.

Seguro que cuando escuchas a la gente hablar de sus objetivos les escuchas hablar de lo mínimos que quieren conseguir, diciendo cosas como:

  • “Este año quiere perder 20 kilos”
  • “Este año quiero leer 34 libros”
  • “Este año quiero ahorrar 6000 euros”

Lo que encontramos bajo estas frases es la idea de que tus objetivos tienen que ser grandes para tener algún sentido. Creemos que debemos apuntar alto, “pensar en grande”. Ello nos lleva a pensamientos del tipo de “Si quiero perder 20 kilos, debo ir al gimnasio todos los días durante una hora”.

Pero si te fijas en tus hábitos actuales, te darás cuenta de que la idea es diferente, pues casi todos los hábitos, sean buenos o malos, son el resultado de pequeñas decisiones tomadas a lo largo del tiempo. Es la repetición de pequeñas acciones la que nos lleva a resultados significativos. Cada día hacemos elecciones que nos llevan a estar un poco más cerca o un poco más lejos de lo que queremos ser, pero suele pasar que estas elecciones suelen ser tan pequeñas que no las tenemos en cuenta.

 

Si de verdad quieres tomarte en serio la construcción de un nuevo hábito, empieza por cosas pequeñas, con cosas que no te cuesten. Después, una vez hayas sido capaz de hacerlo, puedes preocuparte por ir aumentando poco a poco la intensidad.

Recuerda: Primero construye conductas, después piensa en los resultados.

¿Te animas a construir un nuevo hábito?

 

Texto adaptado de: http://jamesclear.com/habits-fail

3 Comments

  • Hola.

    Muchas gracias por el artículo. Precisamente he publicado un par de vídeos sobre este tema y el tercero iba a ir en torno a lo que comentas de “todos tus esfuerzos deben ir enfocados a construir nuevos rituales,”

    Comparto contigo la idea (en la que creo que merece la pena insistir) de que, una vez que has definido el resultado y decidido los hábitos que te llevarán a él, tu foco debe estar en el hábito porque es sobre lo que tiene realmente capacidad de acción.

    El atleta que se fija una marca y para ello decide un plan de entrenamiento, no se centra en conseguir la marca cada día sino en cumplir su plan.

    Muchas gracias y, con tu permiso, lo comparto.

    Carlos Melero
    http://carlosmelero.com

    • Hola Carlos! Gracias a ti por comentar! Me quedo con tu frase “el foco debe estar en el hábito, pues es lo que tiene capacidad de acción”
      Me ha encantado!
      Echaré un ojo a tu web!

Siéntete libre de comentar lo que te apetezca :)