A nuestro alrededor, ciertamente nos encontramos con amigos, familiares y colegas de profesión que se empeñan constantemente en ocultar su parte más vulnerable. Personas que se creen con “poderes sobrenaturales” (“supermanes” y “superwomenes”) que son valoradas, apreciadas, que a sí mismas se atribuyen una cantidad escandalosa de cualidades y aptitudes (algo inequívocamente positivo), pero que sin embargo tropiezan con un muro cuándo deben mencionar sus aspectos “menos lujosos”. Es decir, ¡nosotros/as!

Ello se debe a la preconcepción negativa existente, que asocia la “vulnerabilidad” a lo que tradicionalmente conocemos por “debilidad”.

Pues bien, antes de comenzar con la reflexión, pasemos a definir literalmente cada uno de esos conceptos;

Según la RAE (Diccionario de la Real Academia Española) encontramos que:

  • Vulnerable: 1. adj. Que puede ser herido o recibir lesión, física o moralmente.
  • Débil1. adj. De poco vigor o de poca fuerza o resistencia. 2. adj. Que por flojedad de ánimo cede fácilmente ante la insistencia o el afecto. 3. adj. Escaso o deficiente, en lo físico o en lo moral.

Asimismo, encontramos una definición similar en el diccionario de María Moliner:

  • Vulnerable: adj. Susceptible de ser herido o vulnerado, en cualquier acepción, de recibir un daño o perjuicio, o de ser afectado, conmovido, convencido o vencido por algo. *Asequible,atacable, *sensible. Inasequible, insensible, invulnerable. *Débil.

Como se puede  observar, y según dichas definiciones, resulta sencillo comprender que en nuestra vida cotidiana estemos defendiéndonos constantemente de mostrar nuestros comúnmente llamados, “puntos débiles”, o bien atacando los de los demás en cuánto se dejan entrever.

¿O acaso hay alguien que desee ser herido/a, vencido/a, débil? Visto así, no lo creo.

Pero sin embargo, y a diferencia de lo que la mayor parte de la gente piensa y practica diariamente,mostrarnos vulnerables ante los demás, nos acerca, nos humaniza y nos hace más fuertes.

La idea en sí comenzó a darme vueltas en la cabeza, cuándo una amiga me hizo de manera natural una “confesión”, y yo, para normalizar la situación, le confesé que a mi me sucedía algo similar. La “confesión” en sí no era muy trascendente ni tenía una especial importancia, pero para mi sorpresa, ella soltó una carcajada, y yo me cohibí un poco. Seguidamente, ella misma se dio cuenta y comenzamos a hablar de la importancia que realmente tiene mostrarnos vulnerables ante los demás.

A partir de entonces me he percatado que este tipo de situaciones nos sucede a diario, o acaso nadie a sentido un  gran alivio al escuchar que “Aquello tan raro que no habías comentado nunca, no sólo te pasa a ti, también le pasa a más personas”

Si salimos de la esfera personal, seguro que encontramos también infinidad de ejemplos en el ámbito laboral, y deberíamos encontrar muchos más en el plano político

Para aquellos que trabajamos directamente con las personas, con sus emociones, con sus creencias, sus valores, etcétera, resulta de vital importancia comprender y darle un giro de 180 grados, al concepto de la vulnerabilidad.  Y asimismo, cualquiera que sea el trabajo que desempeñes, mostrar nuestra vulnerabilidad incidirá favorablemente en nuestros procesos de comunicación con los demás.

Y OJO, ¡no nos confundamos!, mostrar vulnerabilidad (durante una conversación) no quiere decir acaparar la atención hacia a uno mismo afirmando, “yo también, yo más, yo mejor, o yo peor”  sino más bien, en el momento oportuno, mostrarle a la otra persona que no es la única que siente, piensa, hace esto o aquello, qué a ti también te ha sucedido o te habría podido suceder en alguna ocasión, generando así empatía con la otra persona. Se trata también de reconocer y aceptar nuestros errores, nuestras imperfecciones, de asumirlas como tal sin entrar en juicios de valor y ponerlas de manifiesto sin temor.

La persona que no quiere mostrar ninguna carencia parece querer decir a los demás (y lo que es peor aún, decirse a sí mismo/a): “Yo ya estoy bien así, no necesito nada ni a nadie” pero somos seres sociales, necesitamos tanto de la soledad y reflexión cómo de la compañía y apoyo. Esta persona difícilmente evolucionará ni podrá mejorar, pues sus propias barreras dificultan todo proceso de cambio positivo.

Según Miriam Ortiz, “las personas que creen que vulnerabilidad = debilidad, generan más antipatía a su alrededor. Los demás ven claramente sus dificultades (aquellas que tanto se esfuerza en ocultar son precisamente las más evidentes), pero juzgan prepotente, vanidosa o poco humilde su actitud. Viven el error de una forma muy negativa, procuran esconderlo, que no se vea, que nadie se de cuenta. “Si me descubren, me van a machacar”. En algunos casos, encontramos personas que resuelven esta dificultad para afrontar los errores, negándoselos incluso a sí mismos: “Yo nunca me equivoco”, “Yo siempre tengo razón”. Están más cerradas al aprendizaje, les falta la capacidad para decir “no sé”, “necesito ayuda”, dos declaraciones fundamentales para iniciar cualquier proceso de aprendizaje”.

Y como recomendación final, una exquisita conferencia de Brene Brown, subtitulada en español: http://youtu.be/HhZNXbP0vnk

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