El Síndrome de Agotamiento Profesional: “Una epidemia”

“Una trágica epidemia se expande por los países industrializados con posibilidades de convertirse en endemia y trascender en breve al Tercer Mundo”.  Así empieza el libro escrito por Manuel González Barón, María Antonia Lacasta Reverte y Amalio Ordóñez burnoutGallego, que me ha llegado desde la editorial Panamericana. Sus autores han sabido recoger en el libro,“El síndrome de agotamiento profesional en oncología”;  teorías, formas de abordar el problema, cómo evaluarlo y estrategias de prevención que no solo tienen aplicación práctica en oncología, si no en cualquier profesión en la que se trabaje con personas.

Se estima que al menos 43 millones de trabajadores europeos padecen burnout. Entre los más afectados se encuentran psicoterapuetas, enfermeros y personal de rescate, que sufren lo que se conoce como “desgaste por empatía”, especialmente si trabajan con niños.

El término “burnout” fue acuñado por primera vez en 1971 por Herbert Fredeunberg, un psicólogo americano. Lo describió por primera vez en un grupo de trabajadores y voluntarios de una clínica de toxicómanos. Observó como comenzaban con el tiempo a presentar un estado de ánimo depresivo, pérdida de energía y desmotivación por el trabajo. Éstas personas se volvían insensibles, poco comprensivas e incluso agresivas en relación con los pacientes, pasando a tener un trato distanciado y cínico con ellos. Llegando incluso a culpar a sus pacientes por los problemas que padecían.

Imagínense la repercusión que puede tener sentirse así. Las consecuencias sobre uno mismo, y las repercusiones sobre los pacientes que tratamos. Es por ello que es un síndrome del que todos tenemos que tomar consciencia. Debemos saber reconocerlo para pedir ayuda o saber diagnosticarlo y tratarlo como profesionales. Es crucial ser conscientes de esta epidemia para prevenirlo.

 

¿Cuáles son las causas del síndrome del burnout?

Las causas del síndrome de agotamiento profesional son múltiples, ocurriendo en distinta intensidad a lo largo del tiempo. Amalio Ordóñez, las divide en tres grandes grupos:

1.    Causas personales.

–       Algunos tipos de personalidades previas y factores personales predisponen a padecer el síndrome: ser joven, soltero y ser mujer. Personas con gran ego y una tendencia a la queja y al resentimiento y personas idealistas y vocacionales son también propensas a padecerlo.

–       Los conflictos de valores impregnan también el síndrome del quemado. El libro hace referencia tanto a los conflictos con la empresa, como con la sociedad o incluso con uno mismo.

  1. Entre las causas formativas destaca tanto la falta de información como el acceso largo y penoso al mundo laboral.
  2. Las condiciones laborales, las relaciones interpersonales, la falta de estímulos, la relación con el paciente en el ámbito sanitario y la naturaleza de la profesión son los factores laborales desencadenantes más importantes de esta epidemia.

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¿Cuáles son las consecuencias?

Las consecuencias del síndrome del burnout son devastadoras para la persona que lo padece.

A nivel físico puede traer consigo alteraciones inmunológicas (como alergias por ejemplo) y alteraciones del sistema nervioso (trastornos del sueño, cefaleas tensionales). También acarrea problemas digestivos, respiratorios, cardiacos, osteomusculares y sexuales (impotencia, ausencia de eyaculación, frigidez, vaginismo). Además de alteraciones hormonales (alteraciones menstruales e imposibilidad de concepción).

Por otro lado, a nivel emocional los sentimientos de vacío y soledad, fracaso e impotencia acaban con cualquier sonrisa. El agotamiento y la sobreimplicación emocional son características, y vienen acompañadas de irritabilidad, nerviosismo, agresividad, tristeza y pesimismo.

Finalmente, a nivel conductual, vemos que las personas manifiestan su sufrimiento por medio de conductas agresivas, de aislamiento, adictivas, de evitación. También exteriorizan tendencias suicidas, problemas de pareja y de relación, falta de eficacia, comportamiento paranoide, dificultad de resolución de problemas y de toma de decisión. E incluso una alimentación compulsiva o dejar directamente de comer.

 

Alguna recomendaciones

–       Hacer pausas a lo largo de la jornada laboral.

–       Dedicar tiempo a actividades placenteras para despejar nuestra mente.

–       Cuidar nuestras relaciones personales; los vínculos sociales son apoyos fundamentales para nuestra salud mental.

–       Elaborar las despedidas, es necesario para evitar arrastrar el dolor (aquí podéis leer un artículo relacionado con la pérdida de nuestros pacientes).

–       Realizar ejercicio físico, ejercicios de relajación y respiración para poder relajar la mente y el cuerpo.

–       Si ves que la situación no la puedes resolver por ti mismo, pide ayuda.

 

Conclusiones

Es primordial atender este síndrome, haciendo una correcta evaluación de este para abordarlo de la mejor manera posible. Pero más importante aún es prevenirlo. De esta manera no sufre el profesional, pero tampoco lo harán sus pacientes.

 

 

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Si queréis aprender más sobre el tema, les dejo el enlace al libro aquí.  

 

 

 

 

 

 

 

“Con los grandes adelantos técnicos y el deterioro de la relación médico-paciente, nunca como hoy la medicina ha estado tan cercana a la enfermedad y tan alejada del paciente” (C. Viafora).

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Tais Pérez

Psicóloga sanitaria. Máster en Psicología Clínica y de la Salud con amplia experiencia en evaluación, diagnóstico y tratamientos de problemas y trastornos psicológicos.

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