Algunas de éstas frases esconden lo que pueden esperar de ti:

  • “Este chico tiene mucho futuro”
  • “Tú vas a llegar alto con lo lista que eres”
  • “Tienes mucho potencial, aprovéchalo”
  • “Con la inteligencia que tienes te va a ir bien en la vida”

Cualquiera que haya escuchado este tipo de frases en su niñez puede imaginar las dos trampas que se esconden tras ellas:

  • Pasar toda una vida esforzándose para cumplir con las expectativas ajenas, toda una vida intentando no defraudar a todas aquellas personas que confiaban en ti.
  • Confiar en que tu inteligencia te sacará de cualquier apuro y te permitirá alcanzar tus logros, dejando de lado el trabajo y la constancia.

Es lo que se conoce como “la maldición de la persona con talento”. Cuando es pequeña, todo el mundo alaba su inteligencia, se pasan por alto sus defectos y todo el mundo alaba sus éxitos por la facilidad con la que los consigue.

Aquí es donde está la trampa. Si esa personita acaba creyendo que su mayor virtud es ser inteligente, la hemos fastidiado, porque la inteligencia es algo que está ahí, ya la tiene, es suya y nadie se la va a quitar. No tiene que hacer ningún esfuerzo. Es inteligente y punto, no hace falta esforzarse, no hace falta ser perseverante… todo es fácil.

Disfruta de su suerte, se aprovecha de su atractiva aunque fatídica combinación de talento y carisma. Pero el día llega: el día en el que los estúpidos, los menos listos, se vuelven trabajadores.

Ese día, el listo se queda atónito viendo desde la banda cómo las personas que un día le miraban con envidia, le superan.

Este tema del que hablamos puede afectarte de dos formas diferentes:

Si eres una de estas personas de las que tanto esperaban, puede que hayas caído en una trampa personal: frustrarte porque tus logros no han alcanzado las expectativas de los demás sobre ti. Revisa tus logros y mídelos en función de tus propias posibilidades y tus deseos.

Si eres madre o padre (o educador/a) vigila cuáles son los elementos que refuerzas en tus hijos. Refuerza la constancia y el esfuerzo, refuerza aquellas cosas que impliquen dedicación. Recompensa el esfuerzo, es la única forma de asegurarnos de que las personas sacarán lo mejor de sí mismas.

La inteligencia no es factor predictor de éxito, el esfuerzo y la perseverancia sí.

Así que como dice Sergio Parra; “Por favor, nunca me digas que soy inteligente”.

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