La psicología es una ciencia, inmadura quizás, pero una ciencia. Una disciplina que acumula a sus espaldas un cuerpo de conocimiento amplísimo, que ha adquirido a lo largo de los años mediante una serie de procedimientos tales como la observación objetiva, el análisis de datos y la descripción de fenómenos psicológicos. Su intención es formular hipótesis o explicaciones sobre el origen y naturaleza de dichos fenómenos, y de esta forma poder elaborar predicciones y cambios en función de objetivos establecidos de antemano.

Con el paso del tiempo, la psicología se ha ido colocando en el lugar que le correspondía respecto al reconocimiento como profesión sanitaria y como disciplina científica. Pero como dije antes, es inmadura, necesita avanzar con pasos firmes y sólidos. Para ello es necesario que todas sus teorías o modelos explicativos (que desafortunadamente son muchos, variados y en ocasiones contradictorios) así como los tratamientos y técnicas de intervención relacionados con cada modelo se sometan a un escrutinio científico riguroso e intenso. Aquí es donde entra en escena la Psicología Basada en la Evidencia (PBE por sus siglas) pero, ¿Qué es exactamente la PBE?

  • La psicología basada en la evidencia es un modelo metodológico, una serie de procedimientos que pretenden legitimar tratamientos, técnicas y teorías (sin importar su orientación o modelo) que presenten suficientes pruebas empíricas de calidad que respalden sus resultados. Su práctica supone integrar la experiencia del profesional (juicio clínico) con la mejor evidencia obtenida de la investigación sistemática.
  • El profesional que apoye la PBE adquiere un doble compromiso. El primero, que conozca cuál es la mejor evidencia empírica disponible. Esto supone la necesidad de actualización constante y la consulta de fuentes fiables, adecuadas y rigurosas. Y la segunda, que solo seleccione el tratamiento o técnica psicológica que haya demostrado tener las mejores pruebas de su efecto. Ante igualdad de condiciones elegirá el más breve o sencillo de aplicar (principio de parsimonia). El profesional no puede, bajo ningún concepto, basar su ejercicio profesional sólo en su experiencia personal sin tener pruebas científicas que apoyen su aplicación práctica y toma de decisiones. Es decir, el “a mí me funciona” o “a mis pacientes les funciona” sin más, implica la violación del artículo 18 del código deontológico.
  • La práctica de la Psicología Clínica Basada en Pruebas posee, en esencia, los mismos fundamentos que la Medicina Basada en la Evidencia de donde coge su nombre. Aclarar que en español existe el debate sobre si la traducción del término “Evidence Based Medicine” sería en realidad “Medicina Basada en Pruebas”, ya que el término evidencia puede tener una connotación un tanto “filosófica” más que científica de certidumbre clara. La palabra “pruebas” tiene una interpretación más relacionada con la experimentación, más “científica”. El debate sigue abierto.
  • La PBE es la manifestación más clara del escepticismo metodológico en psicología. Puede resumirse en el hecho de que los que practican PBE dudan de toda afirmación que no esté respaldada por evidencia suficiente y pertinente. Lo que se pretende, a largo plazo, es que no proliferen modelos, teorías o tratamientos cuyos fundamentos no estén debidamente probados. Pero también controlar y evitar que cualquier teoría, modelo o idea relacionada con la psicología, por infundada que sea, tenga el mismo estatus científico que las teorías que han sido bien contrastadas. Sobre todo para no liar más a los profesionales que están ejerciendo como pasa en la actualidad.

¿Qué no es la PBE?

  • Una torre de marfil donde se resguarda la verdad absoluta de la psicología. La verdad absoluta no se puede alcanzar por la evidencia científica, ni se pretende. El estudio de la realidad siempre va acompañada de un grado importante de incertidumbre. El psicólogo que apoya la PBE tiene que tener su “mente abierta“al cambio (sin que se le caiga el cerebro al suelo) respaldado por la investigación científica.
  • No todos los estudio son PBE. Un error frecuente es encontrar la defensa de un tratamiento porque “un estudio dice que“. La calidad de la evidencia de un estudio está directamente relacionada con el tipo de diseño de investigación que se utilice en el mismo. Por lo que hay que ir con cuidado, hay varios grados de evidencia. Tenemos que saber discriminar la calidad de la metodología usada, de ahí el escepticismo metodológico del que hablaba antes.
  • No es una metodología perfecta ni excluye otras variables en terapia. Pero es la mejor orientación para avanzar en el conocimiento psicológico sobre el efecto de la intervención clínica. Lógicamente, la evidencia encontrada no sería útil si acabara en manos de un psicólogo sin habilidades terapéuticas o un mínimo conocimiento de diagnóstico previo ya que cometería errores de base en la intervención.
  • No es garantía de buen ejercicio profesional. Hacer intervención clínica sin conocer la evidencia científica hará de nuestra práctica profesional algo obsoleto y puede poner en riesgo la salud o los recursos de nuestros pacientes. Pero de igual forma, apoyarte en la mejor evidencia sin contar con la experiencia clínica es arriesgado. La calidad del profesional se asienta en dos pilares básicos: el conocimiento veraz y riguroso, y la experiencia.

La idea es que los tratamientos psicológicos que cumplan con los requisitos derivados de este sistema o modelo sean los tratamientos de primera elección en los de servicios públicos y centros privados de salud.  Para ello, es necesario un conocimiento básico en lo qué es el método científico y su metodología. Si como psicólogo dudas de la veracidad de un estudio, siempre puedes acudir a las Guías de Práctica Clínica. No olvidemos que los psicólogos clínicos y sanitarios no decidimos qué tratamiento aplicar a nuestro pacientes, de eso ya se ocupan los especialistas. Nosotros debemos ocuparnos de elegir y aplicar el tratamiento avalado científicamente de la mejor manera posible.

Si queremos que la psicología se consolide como una ciencia debemos hacer la más difícil y desagradecida de todas las tareas dentro de la profesión: cribar lo eficaz, efectivo y eficiente de lo que no lo es en nuestro ejercicio profesional. Y es aquí donde nuestra opinión personal y nuestras creencias no importan, como decía Holbach: “todo debate, de cualquier tipo, ético o moral debería partir siempre de los hechos científicos“. A partir de aquí, hablemos.

Sergio García Morilla.

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Lectura Recomendada:

  • Chambless, D. L.; Baker, M.J.; Baucom, D.H.; Beutler, L.E.; Calhoun, K.S.; Crits-Christoph, P.; Daiuto, A.; deRubeis, R.; Detweiler, J.; Haga, D.A.F.; Johson, S.B.; McCurry, S.; Mueser, K.T.; Pope, K.S.; Sanderson, W.C.; Shoham, V.; Stickle, T.; Williams, D.A.; & Woody, S.R. (1998). An update on empirically validated therapies II. The Clinical Psychologist, 51, 3-16.
  • Chambless, D.L. & Hollon, S. (1998). Defining empirically-suported therapies. Journal of Consulting and Clinical Psychology, 66, 7.18.
  • Echeburúa et al., (2010). Terapias psicológicas basadas en evidencia: Limitaciones y retos del futuro.
  • Frías, M. y Pascual, J. (2003). Psicología clínica basada en pruebas: efecto del tratamiento. Papeles del Psicólogo, 85, 11-18.
  • Sackett, D.L.; Rosenberg, W.M.C., Gray, J.A.M. & Richardson, W.S. (1996). Evidence based medicine. What it is and what it isn’t. British Medical Journal, 312, 71-72.

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