Me gustan las palabras, pensar en ellas, en qué significan.

Me gusta la palabra Responsabilidad porque lleva implícitas otras dos: habilidad y respuesta, es decir, implica que tenemos la habilidad para responder, para hacer algo al respecto.

Así que sí, I have the power and you have the power. Si quieres, claro.

Cuando hablo de responsabilidad hablo de que tengo la habilidad para responder. No puedo decidir qué cosas me pasan, pero sí qué hacer con lo que me pasa. Ya lo decía Viktor Frankl en El hombre en busca del sentido:

Todo puede serle arrebatado a un hombre, menos la última de las libertades humanas: el elegir su actitud en una serie dada de circunstancias, de elegir su propio camino”

Bonito verdad? Pues tengo una mala noticia: nos queda mucho trabajo, porque ser víctima es, a corto plazo, mucho más fácil. Como lo lees.

Víctimas de todo. Del tren que llegó tarde, de la niebla que provoca accidentes, de la mala amiga que no me avisó para salir, del profe que me tiene manía, del agua caliente que no salía…

Aceptémoslo, ser víctima es muy cómodo. ¿Qué gano?

–        Nunca tengo la culpa.

–        La gente siente penita por mí y me cuida.

–        Obtenemos el apoyo y la compañía del resto.

–        Y sobre todo… No tengo que hacer nada porque es el resto del mundo el que tiene que cambiar. No arriesgo

Señalamos como culpable de lo que nos pasa a un tercer elemento que pasaba por allí. No soy yo quien se equivoca, es la otra persona, cosa, ente, animal, lo que sea, pero no yo. Tendemos a buscar cualquier tipo de agravio para amplificarlo y usarlo como prueba para justificar nuestra posición.

Recordemos también que la tendencia generalizada es sentir pena por las víctimas, con lo que la gente sentirá que debe entenderme (“pobre, no le voy a decir nada, encima que se le escapa el tren y ayer le calló bronca de la jefa”…). Esta tendencia a ayudar a quien justifica sus errores señalando hacia fuera hace que reforcemos esa actitud.

Las víctimas se dejan ver a través del lenguaje. Es un lenguaje pasivo, en el que cuesta asumir cualquier acción que pudiese generar algún tipo de cambio en la situación.

Veamos algún ejemplo muy básico:

Reconozcamos que en muchas ocasiones nos hemos oído diciendo cosas como “Pablo me hace enfadar, es imposible hablar con él”.

¿Qué hacemos cuando decimos esto? Responsabilizar a la otra persona, convertirnos en sus víctimas. Es decir, soy una pobre muñeca con la que Pablo hace lo que quiere. No puedo hacer nada, si él no cambia, todo seguirá igual.

Y yo te hago una pregunta, ¿qué poder estás dando a Pablo para sacarte de quicio? Porque eres tú quien se lo permite. Recuerda, la última de las libertades humanas…

Como persona, eres tú quien elige qué hacer.

La cosa empieza a ponerse interesante… y complicada. Aquí empieza el reto, porque recuerda que la cosa va de retarnos.

Hasta aquí los beneficios de posicionarse como víctima, ¿y dónde está la parte mala?

Cada vez que me declaro víctima me quito la libertad de elegir, decido ser menos libre y acabo limitando mi capacidad para aprender. Me cruzo de brazos y me mantengo en la queja. Lo hacemos a diario, es más cómodo, como veíamos más arriba. Eso sí, a largo plazo, acaba teniendo sus consecuencias: la gente se cansa.

¿Qué pasa cuando decido asumir responsabilidad?

Ser responsable es grande, muy grande. A mí me gusta, me hace sentir libre, no dependo del resto, de lo que hagan los demás. No dependo de lo que me digan, dependo de mí, soy libre para elegir lo que hacer y tengo la posibilidad de mejorar y cambiar las cosas que pasan a mi alrededor.

Sólo de pensarlo se me sube la autoestima! (con lo bajita que la tenía unas líneas más arriba, cuando era una pobre víctima del destino sin posibilidad de hacer nada). Puedo cambiar el mundo, mi mundo, y eso es fantástico.

Ahora decido la importancia que doy a las cosas que el resto hace, decido qué hacer cuando alguien me dice algo que no me gusta, decido en qué tono hablar, decido con quién enfadarme, decido que me apetece estar triste, decido que quiero estar sola, lo que sea.

Aquí parece muy claro verdad. Ahora, piensa en una dificultad que estés teniendo y hazte esta pregunta:

¿Dónde estoy poniendo el foco, fuera o dentro de mí?

Si necesitas ayuda ya sabes, ¡consulta a una psicóloga o un psicológo! Tienes mucho que ganar.

¡Ojo! Cuidado con asumir más de lo que te corresponde. Ya sabemos que los pecados vienen tanto por defecto como por defecto. Como dice una gran maestra mía, “Es tan irresponsable asumir lo que no nos toca como no asumir lo que nos toca”.

Hay cosas que no son nuestras, que cada cual meta en su mochila lo que es suyo.

 

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