El día que dije “no”

Sé bueno, pórtate bien, no hagas eso, no molestes, no interrumpas, pide perdón, recoge tu cuarto, no rechistes, estudia, tienes que ser la mejor, no nos decepciones, tú puedes, eres especial, confiamos en ti.

Así creció, respondiendo a todas las demandas que le hacían, sintiéndose bien cada vez que sacaba un sobresaliente, cada vez que ganaba en un deporte, cada vez que la gente le decía lo buena que era… cada vez que hacía lo que se esperaba de ella.

Aunque no lo sabía, cada una de sus acciones tenía un objetivo claro: complacer a quienes confiaban en ella, ese padre y esa madre que siempre le dijeron que era especial. Nunca dijo un NO, nunca llevó la contraria, siempre aceptó que si ellos estaban contentos todo funcionaría y para que ellos estuvieran contentos sólo debía hacer las cosas bien.

Pero un día sintió miedo, el miedo a no estar a la altura, miedo a explotar, a no alcanzar las expectativas que los demás habían puesto sobre ella. Tenía un problema, quería decir basta pero no sabía cómo.

Empezó a notar que detrás de cada SÍ a los demás había un enfado consigo misma, se sentía estúpido y no entendía por qué

Se dio cuenta de que primero había dicho a sus padres, después a sus amigos, después a sus novios, a sus compañeras de trabajo… algo no funcionaba. SÍ a todos, ella quedaba en un segundo plano. Hacía tiempo que no veía su reflejo en el espejo, ya no estaba, se hacía muy pequeño, estaba apunto de desaparecer.

Quería decir NO pero nunca lo había hecho, su vida había sido un sí continuo, un sí al resto del mundo, nunca un sí a ella misma. Siempre supo lo que los demás esperaban de ella, pero no lo que quería para sí misma.

Tomar conciencia de esto se le hacía muy duro.

Empezó a buscar en Google y se vio reconocida en algunas frases y definiciones en artículos de Psicología: “gente que siempre complace al resto”, “miedo a decepcionar”, “sumisión”, “deseabilidad social”

¡Deseabilidad social!

“Esto es, tiene que ser esto, yo siempre quiero que la gente me quiera, que quieran estar conmigo, que no se enfaden…quiero ser socialmente deseable.”

Según leyó, era un concepto utilizado en psicología experimental para definir a aquellas personas que sienten la necesidad de quedar bien con el experimentador, de hacer lo que se supone que debe hacer.

En un viejo diccionario de Psicología leyó esta definición:

“Es una de las principales tendencias de respuesta que sesgan los resultados de los cuestionarios de personalidad. Corresponde a la elección sistemática de las respuestas favorables durante una autodescripción.”

No le quedaba nada claro, pero siguió buscando. La persistencia era uno de sus puntos fuertes.

Cuando continuó leyendo, aprendió que las nuevas investigaciones hablaban de la deseabilidad social como un rasgo de personalidad y no sólo como un constructo estadístico.

Se veía cada vez más reflejada en aquellas definiciones. Le tranquilizó saber que las investigaciones hablaban de que las personas con alta puntuación en este rasgo eran personas con buen ajuste psicológico, que predispone al individuo a seguir las normas sociales en búsqueda de relaciones armoniosas y que promueve la autoestima y el sentido de competencia.

“Sí, cierto, yo siempre me he sentido muy segura y competente”. Se paró a pensar por un minuto, le preocupó que esa seguridad dependiera de gustar al resto. Eso no era tan bueno.

Pensó que aquel artículo hablaba de ella cuando leyó que las personas con alta deseabilidad social tendían a exagerar sus aspectos positivos y a minimizar los negativos, casi siempre con el objetivo de dar una imagen positiva de sí mismas.

“Siempre me ha costado reconocer mis errores y mis fracasos. Nunca cuento las entrevistas de trabajo en las que no me aceptan, nunca cuento que suspendí dos veces el carnet de conducir.“

Dejó a un lado el artículo, cogió su café y se hizo algunas preguntas:

• ¿Quién decidió qué carrera debía estudiar?
• ¿Cuándo elegí que debía vivir en esta ciudad en vez de irme a donde yo quería?
• ¿Quién me obliga a asistir a todos esos actos sociales que ni siquiera me gustan?
• ¿Por qué siempre estoy dispuesta a ayudar al resto, incluso cuando no tengo fuerzas ni para mí?
• ¡¿Por qué siempre acabo haciendo cosas que en el fondo no me apetecen?!

Todas aquellas preguntas rondaban en su cabeza. Golpeaban toda la corteza cerebral, del lóbulo parietal al lóbulo occipital, recorrían todos los surcos cerebrales, de un lado a otro, se le hacía muy duro. No sabía cómo pararlo.

“Quiero aprender a decir NO. Quiero marcar límites y darme mi espacio, quiero pensar en mí misma y estar para el resto por deseo y no por obligación o por miedo al rechazo.”

Esto fue lo que dijo en su primera sesión de terapia. Parecía tenerlo muy claro, rara vez las personas llegan con las cosas tan claras, pensó la psicóloga.

“Habrá que negociar con el Área de Broca, es quien, desde ese cerebro tuyo, decide emitir palabras. Tendremos que animarle a que diga NO cuando alguien le pida algo”, dijo la terapeuta en tono sonriente.

Ambas rieron, y allí empezó un gran viaje.

Leyó mucho, entrenó duro, aprendió estrategias de comunicación, modificó creencias, analizó estilos de relación y dejó atrás grandes miedos. Se aceptó como persona con deseabilidad social, pero pudo aprender a marcar el límite a partir del cual aquella deseabilidad social dejaba de ser “tan deseable”.

Decidió aprovechar lo que ya sabía hacer: decir SÍ, pero esta vez la dirección cambiaba.

Referencias:

La deseabilidad social revalorada. Alejandro del Carmen Domínguez Espinosa. Acta de investigación psicológica 2012, 2(3):808-824.

Diccionario Akal de Psicología. Rolan Doron, Françoise Parot. Ediciones Akal, 1998. Madrid.

Laura López-Molina

Psicóloga y coach certificada, experta en gestión de conflictos. Inventora de la Teoría de los tiempos óptimos (porque mojar galletas en leche es todo un arte).

3 Comments

  • Responder mayo 6, 2014

    Salvador

    Buen artículo! Que gran poder cuando aprender a decir “no” y ves que no pasa nada malo. Es más, se aclaran muchas situaciones y se descubre como son las personas de tu vida (para bien o para mal)
    Te sigo!

  • Responder mayo 6, 2014

    elisa

    Que conveniente es tan cansado no decepcionar a los demás y siempre quedas al último ya no más

  • Responder mayo 7, 2014

    Nicolás Carmona O.

    Excelente artículo, me gusta mucho la forma en la que redacta. Y ya he leído varios de las publicaciones y espero poder seguir haciéndolo.

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