¿Por qué nos encantan las canciones tristes?

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Cuando estamos tristes, uno podría pensar que recurrir a una canción alegre podría mejorar nuestro estado de ánimo. Y cuando estamos felices, escuchar música alegre debería ayudar a sostener nuestro buen humor, celebrarlo y compartir nuestra alegría.

Así que ¿por qué correr el riesgo de perder nuestro buen estado de ánimo, o mantener la tristeza escuchando música triste?

Para elevar el estado de ánimo se necesita energía. Es más fácil permanecer en un estado de ánimo deprimido, en el que no tenemos que hacer nada, en el que podemos autocompadecernos, y tal vez incluso provocar cierta simpatía o compasión de los que nos aman. Es el lugar donde podemos esperar para curar nuestros heridas y ser rescatados antes de regresar a superar los desafíos que percibimos como las batallas recurrentes de la vida. Si nuestra tristeza es lo suficientemente profunda, quizás no encontremos sentido a luchar por la felicidad de nuevo. Incluso podríamos sentirnos culpables por volver a ser felices cuando otros han sufrido, como si nuestra tristeza pagara algún precio impuesto. Si no tenemos un sentido claro o no podemos fijar una meta, podríamos carecer de la motivación para buscar la felicidad.

El hecho de que este tipo de música se extienda por periodos históricos y culturas distintas sugiere que la tristeza evocada por la música cumple funciones importantes. La investigación ha demostrado que juega un papel en la regulación emocional. Evoca emociones agradables como la felicidad y el asombro. Además de liberar hormonas como la oxitocina y la prolactina, asociado a la vinculación social y la crianza, la música triste puede facilitar la recuperación de estado de ánimo positivo. Expertos explican que la recuperación viene determinada por la satisfacción de la necesidad de liberar la angustia emocional permitiendo el distanciamiento cognitivo y la reevaluación del suceso que nos ha desestabilizado el ánimo.

Cuando la tristeza es sufrida sola por mucho tiempo puede progresar hacia la impotencia o desesperanza. Las canciones tristes contrarrestan la soledad, reforzando el sentido de la conexión social y la vinculación. La investigación ha demostrado que una de las emociones más fuertes provocados por este tipo de música es la nostalgia. Esta nostalgia nos recuerda lo que fuimos alguna vez y se asocia con una mayor conectividad social, con la continuidad del yo y con maneras saludables de lidiar con el estrés. Los recuerdos de los logros anteriores, de reuniones familiares, y de actividades con las que disfrutamos, nos recuerdan que la alegría es posible de nuevo.

Al identificarnos con la letra de una canción triste, podemos empatizar con el vocalista y entender que otros tienen experiencias compartidas de rechazo, de pérdida, de amor no correspondido u otros temas característicos de éstas canciones. Comparar nuestros problemas con los de los demás nos ayuda a mantener  una evaluación realista de la gravedad de los nuestros, silenciando nuestro sentido de autoculpa, de fracaso y de autocompasión.

Por otro lado, escuchar canciones tristes que no tienen relación directa con nuestra vida nos permite dar rienda suelta a nuestras emociones en un contexto seguro, que no tiene implicaciones en la vida real. Podemos explorar mentalmente lo peor de una situación, a sabiendas de que no vamos a tener que enfrentarnos a ella. Tales ejercicios mentales promueven una actitud de resolución de problemas y un lugar seguro para probar posibles soluciones. E incluso puede animarnos a ir más allá de nuestros problemas para ayudar a otros.

Hemos llegado a pensar que la tristeza es algo que hay que evitar y superar. Dentro de los límites saludables, sin embargo, la tristeza puede contribuir mucho a enriquecer nuestras vidas, frenando decisiones impulsivas y fomentando la planificación del futuro. La tristeza evocada por la múscia puede promover emociones prosociales de compasión, empatía, cuidado y perdón. Inspirando la imaginación y la reflexión, la tristeza nos ayuda a darnos cuenta de lo que realmente es importante, a dar significado y un propósito a lo que nos ocurre.

 

Referencias:

  • Batcho, K. I.  (2007).  Nostalgia and the emotional tone and content of song lyrics. The American Journal of Psychology, 120, 361-381.
  • Batcho, K. I., DaRin, M. L., Nave, A. M., & Yaworsky, R. R.  (2008).  Nostalgia and identity in song lyrics.  Psychology of Aesthetics, Creativity, and the Arts, 2, 236-244.

Imagen: www.unocero.com

Tais Pérez

Psicóloga dedicada casi en exclusiva a cerebros que no encuentran su lugar en el mundo, que se pierden o incluso patinan en el transcurso de su camino.

2 Comments

  • Responder mayo 3, 2015

    awergawrga

    ” la tristeza evocada por la música cumple funciones importantes. La investigación ha demostrado que juega un papel en la regulación emocional. Evoca emociones agradables como la felicidad”
    ¿La tristeza evoca felicidad? Los artículos que escribís parecen interesantes pero me planteo hasta que punto de seriedad y veracidad pueden llegar ya que a mi parecer hay afirmaciones sobre algunos aspectos hechas a la ligera. Supongo que no buscan ser artículos científicos sino dar vuestro punto de vista de algunos temas y daros a conocer como profesionales, lo cual es una técnica de marketing necesaria en los tiempos que vivimos, de todas formas están bien pero podrían mejorarlos aportando más datos y estudios.

    • Responder mayo 3, 2015

      Tais Pérez

      Hola! Gracias por comentar. La frase que copias y pegas viene a decir que la música provoca felicidad, no la tristeza. Sin embargo, al final del post tienes las referencias a los artículos científicos que hablan de esto. Un saludo.

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